La Formación Abanico conserva el registro de un extenso paisaje volcánico y continental que existió en Chile central durante el Cenozoico. Sus rocas comenzaron a acumularse hace alrededor de 40 millones de años, mucho después del retroceso de los mares mesozoicos, en una cuenca donde erupciones, ríos, lagos y movimientos tectónicos construyeron una secuencia de varios kilómetros de espesor.
Formación Abanico: el registro de una antigua cuenca volcánica
Una formación geológica es un conjunto de rocas reconocible por sus características, posición y edad. En Abanico predominan materiales volcánicos y volcanoclásticos intercalados con sedimentos continentales. La unidad aflora ampliamente en los Andes de Chile central y en distintos sectores del Cajón del Maipo.
Durante su desarrollo, la corteza estuvo sometida a extensión. Las fallas normales generaron zonas hundidas o depocentros en los que se acumularon sucesivas capas de lava, ceniza, fragmentos volcánicos y sedimentos. Por esta razón, la llamada cuenca de Abanico no fue un lago único ni una depresión uniforme, sino un sistema tectónico complejo asociado a volcanismo activo.
La Formación Abanico registra volcanes activos, cursos de agua y lagos que ocuparon una cuenca andina hace decenas de millones de años.
Lavas, cenizas y depósitos volcanoclásticos
Los volcanes que alimentaron la cuenca emitieron lavas basálticas y andesíticas, además de cenizas y otros fragmentos. Parte del material se depositó cerca de los centros volcánicos y otra fue removilizada por el agua o la gravedad.
Así se originaron rocas volcanoclásticas: depósitos compuestos por fragmentos de procedencia volcánica que pudieron caer directamente, desplazarse por las laderas o ser arrastrados por corrientes. Brechas, tobas y niveles de lava quedaron superpuestos hasta formar secuencias muy potentes. En el sector oriental estudiado junto al río Volcán se han descrito sucesiones cercanas a 3.300 metros de espesor.
Ríos y lagos entre antiguos volcanes
La cuenca también recibió sedimentos producidos por la erosión. Los ríos transportaban gravas, arenas y limos desde las áreas elevadas, mientras en lagos y sectores de aguas tranquilas se acumulaban partículas más finas. Estas intercalaciones sedimentarias muestran que el paisaje no estuvo dominado únicamente por erupciones continuas.
Los periodos de menor actividad permitieron ambientes acuáticos y terrestres. Algunos niveles conservan restos de organismos continentales, útiles para interpretar el clima, la vegetación y los ecosistemas del Paleógeno y el inicio del Neógeno. Su valor no se limita a las rocas volcánicas.
La inversión tectónica de la cuenca de Abanico
La configuración cambió cuando la extensión dio paso a un régimen de compresión. Entre aproximadamente 21 y 16 millones de años atrás, varias fallas que habían favorecido el hundimiento de la cuenca se reactivaron con movimiento inverso. Este proceso, llamado inversión tectónica, plegó, fracturó y elevó los depósitos acumulados anteriormente.
La deformación no fue uniforme ni detuvo inmediatamente el volcanismo. Mientras la cuenca se comprimía continuaron produciéndose materiales asignados después a la Formación Farellones. Distinguir ambas unidades puede ser difícil y exige estudiar edades, estructuras, composición y contactos.
Cómo reconocer la Formación Abanico en el Cajón
En el paisaje actual, sus capas pueden observarse en laderas, quebradas y farellones donde la erosión dejó expuesta la secuencia. Los estratos inclinados o plegados revelan la deformación posterior a su depósito. Los cambios de color, textura y resistencia corresponden a la alternancia entre lavas, tobas, brechas y rocas sedimentarias.
La erosión diferencial actúa con distinta intensidad sobre cada material. Las rocas más resistentes pueden formar cornisas y paredes, mientras los niveles menos consolidados originan pendientes suaves o quebradas. Esta relación ayuda a comprender por qué la geología influye directamente en las formas visibles del relieve.
Una etapa decisiva en la construcción de los Andes
La Formación Abanico documenta una fase esencial de la evolución andina: primero, la apertura y subsidencia de una cuenca volcánica continental; después, su compresión, deformación y levantamiento. Sus rocas conectan la actividad del margen de subducción con la transformación progresiva de la cordillera de Chile central.
Leer esta formación permite reconstruir un territorio donde convivieron volcanes, ríos y lagos mucho antes de que el Cajón adquiriera su relieve actual. Aprende más en La geología del Cajón del Maipo.