A 2.929 metros sobre el nivel del mar, en el extremo oriental de la subcuenca del río Yeso, las Termas del Plomo reciben el agua de un chorro que aflora desde los estratos inclinados de la Formación Lo Valdés. Son las termas más remotas del Cajón del Maipo: a 43 kilómetros del embalse El Yeso por camino de ripio, a cuatro kilómetros en línea recta de la frontera con Argentina. El chorro cae desde unos tres metros de altura sobre tres pozas excavadas en la roca y descarga aproximadamente 3 litros por segundo. Las rocas por las que escurre están teñidas de anaranjado, por una capa de hidróxidos de hierro que precipita en contacto con el aire.
Química de las Termas del Plomo y contraste con otras manifestaciones del sistema
La química de estas aguas esta compuesta por aguas cloruradas sódicas con altas concentraciones de boro y bajas de litio, pH levemente ácido a neutro (entre 6,5 y 6,9) y temperatura medida en superficie entre 25 y 45°C según el punto de muestreo. Los sólidos disueltos totales alcanzan entre 7 y 15 g/L, valor elevado que explica el sabor salado y el color verdoso de las pozas, probablemente relacionado con algas y microorganismos que toleran esas condiciones.
Lo que separa a las Termas del Plomo de Baños Morales y Baños Colina no es solo la distancia. La geotermometría catiónica, que estima la temperatura a la que los fluidos entraron en equilibrio con las rocas del reservorio profundo, arroja para el Plomo entre 81 y 92°C (geotermómetro Na/K-Mg, Giggenbach, 1988). Baños Morales da entre 140 y 155°C; Baños Colina, entre 163 y 166°C. Las tres afloran a temperaturas superficiales comparables, pero sus historias subterráneas son distintas.
Las Termas del Plomo registran temperaturas de reservorio de 81 a 92°C, notablemente inferiores a las de Baños Colina (163-166°C), aunque afloran en el mismo sistema cordillerano.
Modelo tectónico y origen meteórico de los fluidos
La pregunta que organiza la interpretación de estas termas es si el calor proviene de los volcanes activos del límite oriental del cajón, especialmente el San José, o de otra fuente. Los isótopos de hidrógeno y oxígeno analizados apuntan a un origen meteórico: el agua comenzó como precipitación que se infiltró en las alturas y circuló en profundidad a través de fracturas y fallas. No se detectaron señales isotópicas que indiquen mezcla significativa con fluidos de origen magmático.
El calor no parece provenir directamente de una cámara volcánica, sino del flujo calórico elevado de esta franja cordillerana, estimado entre 80 y 100 mW/m², muy por encima del promedio continental (57 mW/m²). Con un gradiente geotérmico de 27 a 33°C por kilómetro, los fluidos pueden calentarse circulando en profundidad sin pasar cerca de magma. Las fallas asociadas al sistema de la Falla Pocuro-Chacayes generan la permeabilidad secundaria que canaliza el ascenso.
Afloramiento en la Formación Lo Valdés y depósitos minerales
El punto de surgencia está en estratos calcáreos y lutitas calcáreas de la Formación Lo Valdés, la misma unidad que contiene los fósiles marinos del Jurásico-Cretácico documentados aguas abajo. El agua termal asciende a través de los planos de estratificación, fuertemente inclinados en este sector, y al contacto con la atmósfera precipita minerales: cristales de halita en el borde de las pozas e hidróxidos de hierro sobre las rocas del chorro, que es lo que les da el color anaranjado característico.
A unos 400 metros al suroeste aflora una vertiente de agua fría, a 5,7°C y pH de 7,7, cuya química refleja las rocas de la Formación Río Damas. El contraste entre las dos aguas, separadas por un golpe de vista, sintetiza el sistema: una misma ladera puede alojar fluidos con historias subterráneas completamente distintas.