Las morrenas y bloques erráticos del valle del Olivares evidencian el avance y retroceso de antiguos glaciares. Aunque hoy el hielo se concentra en las cabeceras de la cuenca, los sedimentos y grandes fragmentos de roca distribuidos por el valle muestran que en periodos más fríos los glaciares ocuparon una superficie mucho mayor y transportaron materiales a lo largo de varios kilómetros.
Morrenas y bloques erráticos: depósitos dejados por el hielo
Un glaciar no está formado únicamente por hielo. Durante su desplazamiento incorpora fragmentos desprendidos de las laderas, materiales arrancados del fondo y partículas producidas por la trituración de las rocas. Esta carga viaja sobre la superficie, dentro de la masa helada o en contacto con el terreno.
Cuando el glaciar pierde volumen o retrocede, disminuye su capacidad de transportar esos materiales y los abandona. A diferencia de un río, que tiende a separar los sedimentos por tamaño y a redondearlos durante el transporte, el hielo puede depositar juntos arcilla, arena, gravas y bloques angulosos. Esa mezcla poco seleccionada es una característica importante para reconocer un depósito glaciar.
Las morrenas y los bloques erráticos permiten reconstruir zonas que estuvieron cubiertas por hielo, incluso donde actualmente no existe un glaciar.
Qué es una morrena y cómo se forma
Una morrena es una acumulación de materiales transportados y depositados por un glaciar. Su forma y ubicación dependen del sector de la masa de hielo en que viajaron los fragmentos y del momento en que fueron liberados. Por eso, las morrenas no son todas iguales ni representan necesariamente un único avance glaciar.
Las morrenas laterales se desarrollan junto a los bordes del glaciar, donde se concentra material proveniente de las laderas. Una morrena frontal, en cambio, se acumula cerca de su extremo y puede señalar una posición en la que el frente permaneció relativamente estable.
Bloques erráticos en el valle del Olivares
Los bloques erráticos son fragmentos de roca transportados por el hielo y depositados lejos de su lugar de origen. Algunos destacan por su gran tamaño o porque su composición es diferente de la roca sobre la cual descansan. Esa discordancia permite inferir que no se formaron allí, sino que llegaron incorporados a un antiguo glaciar.
En el valle del Olivares pueden observarse bloques dispersos sobre el fondo y las superficies cercanas al cauce. Su presencia complementa la forma en U del valle y los depósitos morrénicos. Para establecer su procedencia exacta es necesario compararlos con los afloramientos ubicados aguas arriba.
Cómo se interpreta una antigua extensión glaciar
Una morrena marca aproximadamente la posición que ocupó el hielo, pero su lectura exige cautela. Los ríos pueden erosionarla y los movimientos de ladera pueden cubrirla. Por ello, los especialistas la estudian junto con superficies pulidas, estrías y otras formas del relieve.
La altura de las morrenas laterales ayuda a estimar el antiguo espesor del glaciar, mientras una sucesión de cordones frontales puede registrar diferentes pausas o retrocesos. La edad no se determina solamente por el aspecto del depósito: requiere análisis geomorfológico y métodos de datación adecuados.
El agua reorganiza los materiales glaciares
Después del retroceso del hielo, el río Olivares y sus afluentes retrabajaron los sedimentos. El agua removió partículas finas, desplazó gravas y excavó canales dentro de antiguos depósitos.
Esta transformación explica por qué no todos los materiales visibles en el valle permanecen en su posición original. Distinguir entre depósitos glaciares, fluviales y de ladera permite reconstruir la secuencia de procesos que actuó después de la retirada del hielo.
Huellas de un paisaje más frío
Las morrenas y los bloques erráticos convierten al valle del Olivares en un archivo de cambios ambientales. Junto con el perfil en U, muestran que las masas de hielo fueron más extensas que las actuales y que su retroceso dejó disponible un valle luego transformado por ríos y laderas.
Su valor está en la información que conservan, por lo que deben observarse sin alterar sus componentes. Comprender estos depósitos prepara la lectura de los glaciares que permanecen en la cuenca alta. Aprende más en La geología del Cajón del Maipo.